Para poder disfrutar al máximo de nuestro cuerpo, debemos vencer antes los prejuicios de nuestra mente que tenemos todos inculcados por la moral machista y judeocristiana de la que somos herederos depositarios aunque no queramos. ¡Fuera ideas preconcebidas, que son todas! ¡Fuera, pues, todas las ideas!
Una de las primeras barreras que hay que superar es el sentido del ridículo. Perdámoslo cuanto antes. Lo antes posible. No tengamos miedo a que resulte risible a ojos de los demás lo que no lo es, lo que vamos a hacer. El placer es algo muy serio, no es broma. Por lo demás, necesitamos muy pocas cosas, casi nada, para ponernos en acción y organizar este taller de descubrimiento de nuestra sensualidad aletargada como bella durmiente del bosque: agua del grifo para apagar el fuego, una lavativa si estamos acompañados, y un objeto para introducirnos en el orificio del ano, a ser posible pequeño, anatómico, limpio y confortable: el mejor que se nos ocurre y que, además, es gratis, más que barato, es el dedo índice o el corazón, si nos resulta más cómodo; o ambos a la par.
Antes de seguir adelante, se impone haber defecado. Mientras lo hacemos, podemos reflexionar sobre la naturaleza del esfínter: ese anillo muscular que abre y que cierra el orificio del ano para expeler o retener los excrementos respectivamente. Después de haber cagado, podemos practicar este sencillo ejercicio para asegurarnos de que no queda nada dentro: contraer y distraer el ano como si estuviéramos “pujando” sin concluir en excrementos. Nos daremos cuenta de que si la contracción es placentera, la distracción en principio no lo es tanto.
Cuando ya no tenemos nada, podemos hacernos una lavativa. Al principio puede parecer un engorro, pero es una práctica higiénica que los médicos no desaconsejan de cuando en cuando: consiste en lavar el interior del recto con la ayuda de una pera, enema o ducha con un chorro débil de agua a ser posible tibia, ni fría ni caliente. Hay quien aconseja que el agua esté ligeramente salada, para lo que basta echarle un puñado de sal marina. Es preciso habituarse. Cuando ya estamos seguros de que no queda mierda, podemos continuar. (Si estamos solos, podemos evitar la lavativa y la defecación, preparativos un tanto engorrosos; depende de nosotros mismos. Si estamos con alguien, quizá sea mejor someterse a estos preliminares higiénicos y un tanto asépticos, aunque hay parejas a las que puede excitar la presencia de la mierda. Pero del tabú -nene, caca- de los excrementos hablaremos otro día).
Para el siguiente paso, utilizaremos el dedo, que podemos chuparnos si queremos, a fin de lubricarlo ensalivándolo. Descubriréis un placer de potencialidad inmensa. Una buena postura es estar tumbado de espaldas con las rodillas separadas y en alto, como en la fotografía de arriba. Otra postura confortable es de pie, con las piernas ligeramente separadas y el torso echado hacia delante. Actuamos tranquilamente, sin brusquedad. Alternaremos movimientos circulares de masaje y de presión del dedo propiamente dicho como hago yo mismo iluminado por un rayo natural de sol -no por un foco de fotógrafo- en la imagen de abajo.
Las primeras veces sentiremos que el ano se rebela. El esfínter es un músculo que se contrae fácilmente, pero la distracción no le gusta tanto. Poco a poco, el dedo logrará abrirse paso e irá penetrando y distinguiendo el interior del ano como un tejido suave y acogedor donde se notan algunos pliegues carnosos.
Cuando descubramos, una vez dentro, a unos cinco centímetros la próstata bajo forma de bultito rígido, le haremos un masaje suave con la punta del dedo. Sugerencia: para que la experiencia sea completa aconsejamos que la penetración del dedo en el ojete se acompañe de una masturbación simultánea y tradicional del pene. Con la otra mano nos ordeñamos y hacemos un buen pajote. Sentiremos las pulsaciones de la próstata y el trabajo del esfínter con los que podremos juguetear, siguiendo las dos técnicas sencillas citadas de masaje circular y presión, aumentando así el bienestar del orgasmo.
El hallazgo de la próstata es el descubrimiento del Santo Grial, el punto G,o punto K, como prefieren otros, o punto P de próstata, el clítoris del hombre, una fuente de placer inagotable: algo que no podemos perdernos en esta vida, gracias a lo que intensificaremos nuestras sensaciones y placeres, profundizando en el conocimiento de nuestro cuerpo y el orgasmo.
Una de las peores cosas que nos puede pasar a los hombres en esta vida es descubrir que tenemos próstata cuando ya es demasiado tarde, es decir, cuando el médico nos diagnostica “cáncer de próstata”, algo muy común, por otra parte. ¿No sería mejor descubrirla placenteramente ahora por uno mismo, cosa que haríamos con muchísimo gusto?
oOo
Matrimonio maricón
Matrimonio maricón
Ni futuro ni novio, ni,
por supuesto, marido,
libre quiero quererte y no
como por compromiso,
no por compromiso
sin contrato matrimonial
como amante y amigo,
sin papeles, en libertad,
contra lo establecido,
no por compromiso,
sin proyectos ni relación
de poder ni dominio,
en compañía y amistad
y con mucho cariño,
no por compromiso.

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