Paisaje después del bombardeo de los ejércitos occidentales de ocupación. A veces llaman a estas tropas de "liberación". Los afganos se preguntan: ¿Y quién nos libra de las tropas de liberación?
España también estuvo presente en la carnicería, con el resto de las cuarentayún naciones invasoras. El Gobierno de España que enarboló antaño el emblema del ¡No a la guerra! (de Iraq) y sacó a sus tropas de ese país, no las licenció sino que las envió, acto seguido, a un nuevo frente, por lo que sus razones no eran pacifistas, sino de otra índole más guerrera y militarista. El Gobierno de España se apuntaba fervorosamente a otro frente de combate, a la guerra abierta como una herida gangrenada y purulenta de Afganistán.
Por eso, el Gobierno envió doscientos efectivos más de esa organización solidaria y misionaria de la paz e internacionalismo y abogada defensora de los derechos humanos (no es propiamente una ONG, sino más bien una OG u Organización Gubernamental) con pistolas que es el ejército profesional español donde tienen ahora tanta cabida los mercenarios como las mercenarias.
En efecto, gracias al igualitarismo sexual opresor y no liberador que defendía que las mujeres se incorporaran a filas para igualarse a los hombres y no que los hombres se licenciaran de las armas y de los ejércitos para ser iguales que las mujeres que, tradicionalmente, no combatían, ahora no sólo hay varones a sueldo del ministerio de la guerra, sino también féminas, empezando por la anterior ministra del gremio de la guerra.
Y es que ya lo he dicho muchas veces, pero nadie me hace caso. Que es mentira. La igualdad sexual es una cochina mentira. La igualación sexual se ha producido sólo en un sentido: las mujeres llevan pantalones, pero los hombres, ay, desgraciadamente, no nos hemos puesto faldas, que es lo que nos hacía falta para llevar las cosas de las que no tendríamos que avergonzarnos, aunque a veces se llamen "vergüenzas", más frescas al aire. Y es que algunos confunden todavía la igualdad con el "igual da". Y no es igual, no, ni da igual.
oOo
Entre luces y sombras
Pocas cosas habrá tan bellas, tan sugerentes e insinuantes como este cuerpo desnudo y dormido de un delicado efebo, tendido de espaldas sobre el lecho. La claridad, que entra por la ventana, lo ilumina todo entero y lo fotografía con sus luces y sus sombras: alumbra el brazo y las piernas, su espalda y la indiscutible perfección -esa es la palabra- de su trasero.
He de decir que esas nalgas normalmente se ocultan a ojos vista de los demás y a la luz del sol. Es un error. Grave error. Un pecado. Ese culo es bellísimo, debería exhibirse siempre desnudo. Supone una invitación a la aventura y a la trasgresión de las normas establecidas del pudor y del honor. Está diciéndote: Mírame. Mírame más. Soy todo tuyo. Acaríciame, si quieres, como me acarician los rayos del sol. Bésame como me besa el aire, que me estremece. Hurga dentro de mí. Hazme el amor, si quieres, con lo que quieras: fóllame con la mirada o con la lengua. Penétrame con la imaginación o con un dedo de la mano. Avasállame con tu aliento o, si quieres, con la verga, pero con tu picha pletórica y desnuda, no enfundada en un preservativo de látex, a fin de que yo pueda sentir en mis entrañas cómo te derramas todo tú dentro de mí después de haberme penetrado varias veces en la postura más cómoda que te dicte el deseo. Haz conmigo lo que quieras. Una y otra vez. Soy tuyo. Todo te está permitido. Todo salvo la indiferencia. Eso nunca. Entra en mí. Penetra en mi interior. Tómame. Pero, si no vas a hacerlo, no me despiertes. Déjame seguir soñando que me despierta otro príncipe de sangre azul con una inmensa ternura rayana en la barbarie.
Quiero resaltar un detalle peculiar de esa fofografía en blanco y negro. Son las flores. Las fotos también tienen olor. Su aroma, su frescura, impregna toda la estancia. Ahora nos invade a nosotros mismos y el lugar en el que estamos. También en las fotos pueden verse cosas que no se ven. Quiero comentar un detalle que no se ve de la anatomía de este efebo: su sexo está tieso como el tuyo y el mío ahora mismo, reclamando urgentemente una vía de escape, una salida urgente del semen prisionero. Adelante, pues. Dale vía libre. Déjalo salir. Lo que está dentro quiera salir afuera. No lo retengas. No te reprimas. Suéltalo. Goza, lector, que la vida es breve y el tiempo escaso.
Desprendida, vuela
una hoja en el verano.
¡Ay, qué escalofrío!




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