Me encanta pedicarte, o sea darte por
el culo, en esta posición: sentándote
sobre mi méntula, que es término culterano,
arrecha, frente a frente, a fin de que lleves tú
la voz cantante y tú solito te la metas
a discreción, que no te quedas casi nunca
corto, porque me mola mazo verte así
brincar encima de mis ingles y gozar
como un poseso. Me derrito si me miras
a la cara y puedo ver que cierras los ojos, niño,
y ves el cielo. Y veo que abres tu boquita
y gimoteas como puta mujerzuela
y mordisqueas con pasión tus labios. Veo
tu cintura, y acaricio con mis rudas manos
tus caderas, y me aferro a ellas, y te clavo
hincándote mi méntula hasta los cojones
como estoy haciendo ahora mismo. Te amo y amo
tus dieciséis veranos, esa juventud
que derrochas insolente a borbotones. Siempre
haces que me corra antes, ay, de lo que quisiera:
maldita sea la eyaculación precoz.
oOo
Llamada a la acción
Hay que protestar como sea, cuando sea y donde sea por la excesiva vigilancia a la que somos sometidos por el Gran Hermano (el Gobierno del Estado orwelliano en que se ha convertido el universo mundo) y los Pequeños Hermanos del sector privado (las empresas en nuestro puesto de trabajo, que no se quedan mancas). Estado y Capital, siempre de la mano, se unen en perfecto matrimonio para mantenernos bajo perpetuo control, monitorizados y controlados, constituyendo el Ojo de Dios que quiere verlo todo.
La aparente seguridad lograda en nuestras ciudades y pueblos que se postula a menudo para justificar medidas de vigilancia y control es más que discutible. Acumular información sobre los ciudadanos no mejora nuestra protección frente a la delincuencia pero nos cuesta billones de euros o dólares al año, que podrían ahorrarse en tiempos críticos como estos o invertirse en mejores y más humanitarias causas y labores.
Por otra parte, el respeto a nuestra intimidad es un principio fundamental de nuestra dignidad humana, tanto en casa como en el trabajo. Una sociedad libre y abierta no puede existir sin unos espacios y comunicaciones incondicionalmente privados. Por eso hay que protestar donde sea, como sea, cuando sea, aquí y ahora mismo, por ejemplo, contra la manía de la seguridad y la excesiva (video y audio)vigilancia a la que somos sometidos por el Capital y el Estado.
Hago un llamamiento a todo el mariconerío desde esta modesta página para iniciar una protesta pacífica, cada uno en la medida de sus posibilidades, aunque sea virtualmente enviando correos de adhesión. Los políticos deben ver que tomamos las calles y los espacios públicos en legítima defensa de nuestra libertad. No queremos que nos vigilen. ¿Quién vigila a los vigilantes? ¿Quién controla a los controladores?

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