18 de enero de 2012

Un beso (sin el condón de la mascarilla) y No puedes hacerme algo así





Dos jóvenes frente a frente. Tienen la misma edad.


Están desnudos, como Narciso ante el espejo, en plena naturaleza. El uno  se ha encontrado a sí mismo en el reflejo del otro: su media naranja. Se abrazan  cuerpo a cuerpo. Están a punto de besarse, boca a boca,  sexo a sexo. Las manos del uno acarician las nalgas del otro.


Los labios del uno, sedientos de amor, buscan los labios del otro. Un escalofrío  recorre todo su cuerpo. Nadie, sólo el corazón, les dicta lo  que hacen.   Es dulce sentir una caricia: dos alientos en uno. Ni ellos  mismos saben lo que va a pasar ahora. Pueden entregarse  a tantos juegos, tantos abrazos, tantas posturas. Pueden  penetrarse tantas veces el uno al otro y viceversa,  lamerse, revolcarse por el suelo. Pero sobre todo pueden  besarse, seguir besándose, meter la lengua en la boca  del otro, y confundir en una sus salivas, sus alientos, y  olvidarse de todo, es decir, de sí mismos en ese momento.





¿Qué beso vamos a darnos si nos ponemos el condón de una mascarilla en la boca por miedo al virus de la gripe asesina? ¿Qué amor vamos a hacer si nos ponemos un condón en el miembro por miedo al otro virus mortal?


oOo

No puedes hacerme algo así

 
Dices que vas a ser feliz en tu matrimonio;
que, encima, vas a casarte por la iglesia, como
Dios manda.  Sé que quieres a tu novia mucho,
maldita sea; que os habéis jurado amor
eterno ante Dios que todo lo ve. Ese Dios
que lo puede todo y lo sabe todo porque es dios
supongo que verá también lo que veo yo
y lo que tú también verías, si quisieras:
que yo te quiero como ella a ti jamás
podrá quererte, que el amor no puede ser
eterno porque se desliza en el transcurso
del tiempo y sólo dura dos o a lo sumo tres
años y que es sólo un capricho.  Te deseo,
sin embargo, toda la felicidad del mundo,
de verdad.  Lo digo sin ironía.  No te puedo
guardar rencor, porque hemos compartido tantas
cosas, amigo: la primera borrachera,
el primer cigarro, las primeras pajas juntos,
no pocas confidencias,  porros, música,
la misma música, películas, amistades,
y un polvo, el polvo aquel, inolvidable. ¿No
recuerdas  cómo te la chupé y tragué tu lefa,
semilla tuya que llevo dentro?  Pero ahora
me dejas solo, a solas con mis recuerdos.  No
puedes hacerme una cosa así, ni puedes
hacértela a ti mismo. Sin embargo, te
desea toda la felicidad del mundo,
al recibo de esta puñalada-invitación,
en el día de tu enlace, estúpida palabra,
matrimonial, tu mejor amigo, que te quiere.