Quieren incrementarnos a los funcionarios la jornada laboral a la vez que nos congelan el salario y suben los impuestos. Ya está bien de exigirnos tanto a cambio de la miseria del sueldo que cobramos. No aspiro yo a un aumento de sueldo. Es más: Todos los sueldos son miserables. Dios hizo el mundo en seis días y el séptimo se lo tomó libre: día sabático. Pero lo hizo de una vez por todas. Nosotros, sin embargo, volvemos a empezar otra vez la semana interminable laboral una vez recargadas las pilas, como Sísifo, condenados a volver a empezar una y otra vez el lunes por los siglos de los siglos mientras el cuerpo aguante hasta la hora dichosa y lejana todavía de la jubilación.
Muchas menos horas tendrían que ser y muchísimo más el salario, a fin de repartir el trabajo y el dinero entre todos de un modo equitativo, y a fin de que tuviéramos más tiempo para hacer el amor, por ejemplo, y no la guerra, es decir, para dedicarnos a lo que verdaderamente nos interesa, que no es el trabajo, esa moderna esclavitud.
Deberíamos reivindicar, y lo hacemos desde aquí, el dinero gratis: dinero gratis para el pueblo, sin trabajo a cambio, sin prostitución. Dinero a manos llenas para todo el mundo, para que nos quede algo de humor y de tiempo para poder como Daniel dedicárnoslo a nosotros mismos y entregarnos, por ejemplo, al onanismo en la habitación de un hotel de cinco estrellas y disfrutar de lo lindo sacándole brillo y lustre al miembro viril como Daniel a solas, haciéndonos el homenaje de una paja deliciosamente lenta y sabrosona como la que se hace él.
Hemos entrado en su intimidad. Estamos viendo lo que hace. Observad qué espaldas, qué glúteos e imaginad qué ojete. No, su miembro viril no tiene ningún desperdicio para tomarlo por la boca o por el culo. De hecho se nos hacen boca y culo agua de sólo imaginar esa remota posibilidad. ¡Qué ojete cobijan esas nalgas! ¡Quién pudiera descerrajarlo a besos, lengüetazos, caricias! ¡Quién pudiera introducir por él lentamente, largamente, hasta la última pulgada de nuestra verga arrecha y enamorada!
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Crimen y castigo
Acostumbrados desde nuestro nacimiento a convivir con la idea del castigo, parece una consecuencia natural el hecho de que cuando alguien comete una falta sea castigado y parece lo más normal del mundo que esa sanción sea la reclusión, el encierro, la clausura en el cuarto oscuro de la infancia.
La palabra “castigar” por cierto, procede de los vocablos latinos “castus” que significa “casto” y “agere” que quiere decir “hacer”, de forma que castigarnos etimológicamente al menos, es lo mismo que hacernos castos, virtuosos, puros, llevarnos por el camino de la santidad, para lo que se inventó en la Edad Media el bárbaro cinturón de castidad que aseguraba la fidelidad material al menos de la mujer.
Privar a las personas de “habeas corpus” como hace la policía, condenarlas a prisión como hace el poder judicial para simular que hay justicia en el mundo, cuando es obvio que no la hay y que las leyes están ahí para que cometamos ilegalidades, y someterlas a las gentes a un tipo de “vida” más represivo y asfixiante que el que ordinariamente llevan no es reinsertarlas, sino todo lo contrario.
Estamos alejando a quienes no cumplen nuestras normas de las verdaderas relaciones humanas, y justificamos ese aislamiento so pretexto de enseñarlos a vivir en sociedad; en realidad esa reclusión sirve para que los que estamos fuera de las prisiones, viviendo en sociedad, consideremos que somos libres por no estar allí metidos. Los que están dentro no son desde luego libres, pero nosotros, que estamos fuera, tampoco: en realidad lo de dentro es lo de afuera y viceversa, porque no hay tales cosas como “dentro” y “fuera”.
El ser humano, como cualquier otro ser vivo, mental-, social- y biológicamente, no está hecho para vivir en cautividad, sino para ser libre como el viento. Sin embargo, sobrevivimos ordinariamente privados de libertad, unos dentro y otros fuera; para que no nos apercibamos de ello han creado las prisiones, malditas sean. Malditos sean los muros invisibles de esa Bastilla que aún sigue en pie para que perdure el engaño de la libertad.


2 comentarios:
Muerte al estado! abajo la religión! que le den por el culo (sin escupir y sin lubricante) a los cabrones del gobierno, basta ya de estar bajo el yugo del poder policial que en vez de cuidar nos aterroriza mas, que decapiten a los cerdos burgueses y capitalistas que no hacen mas que chuparnos la vida como las sucias sanguijuelas que son, hay que acabar con el estado para poder obtener esa libertad que tanto añoramos, para así no preocuparnos tanto por la miseria de dinero que vamos a recibir cuando nos jubilemos y mas en con quien no la vamos a pasar follando cuando el tiempo llegue.
Yo ya estoy preparado para meterles la verga... y tu?
Totalmente preparado también yo. Bravo por ese manifiesto anarquista que comparto.
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