
No me interesa mucho el tamaño de mi miembro viril. Supongo que porque creo que está dentro de lo normal: ni muy grande ni muy pequeño, aunque la verdad es que no me lo he medido ni falta que me hace tampoco saber los centímetros o las pulgadas que levanta ni en reposo ni en erección. Me basta con saber que se me levanta todavía, de vez en cuando, y que se me pone duro, porque le gusta jugar a todos los juegos de la sensualidad desde el manoseo, al besuqueo, al lameteo, pasando por el sobajeo y el pajeo, hasta el folleteo del polvo.
¿Acaso una polla da más placer por medir 20 cm. o es, precisamente por eso mismo, más problemática a la hora de alcanzar la erección y la dureza necesaria para la penetración y especialmente la anal? Quizá hay una edad, cuando estamos creciendo, en que nos importa y mucho el tamaño, y tendemos a comparar las dimensiones de nuestro aparato del poder con el de los demás y ver quién la tiene más larga, como si se cifrara la virilidad en la longitud de la poronga, lo que provoca no pocos complejos en algunos adolescentes. Desengañémonos. Una vez más.
Mirad a este chico. ¿Por qué miráis inmediatamente hacia el sexo, y no a su prominente y delicioso bocado de Adán? ¿Qué importa que el tamaño de su sexo no sea muy grande? ¿No es acaso un joven de cuerpo bellísimo? ¿Qué me decís de esa postura picarona, algo maliciosa, de esos vaqueros desabrochados, sin nada que se interponga entre ellos y la desnudez de la piel, que nos está invitando abiertamente a pasar un buen rato juntos haciendo unas cositas de esas que no se dicen pero que no desagradan a nadie en absoluto?
oOo
El tamaño de la cuestión
La
frialdad que presidió las relaciones militares entre un pequeño estado
como España, cuya situación en el mapa ignoran muchos norteamericanos, y
EEUU, la Gran Potencia, debida a la retirada de las tropas españolas
de Iraq, quedó zanjada con unos "pelillos a la mar". Tras entrevistarse
en el Pentágono, el secretario estadounidense de Defensa –eufemismo de
la Guerra- y la entonces ministro española del mismo gremio
–olvidémonos de sus nombres propios, máscaras que importan bien poco, y
del sexo de la ministro española, equiparado ya en la práctica al de su
homólogo yanqui; si alguien creyó alguna vez que una mujer en el poder podía hacer algo distinto a un hombre, aquí tiene la evidencia contraria-,
coincidieron en que se había abierto una nueva etapa de "sintonía
total", según ella, y de unas "relaciones bilaterales que van
excelentemente bien", en palabras de su homólogo estadounidense. El uno,
además, le expresó a la otra su "gratitud" por el esfuerzo español en
Afganistán, que incluye el envío de 532 mercenarios más. La ministro
española del eufemismo participó, además, en una ofrenda floral a los
soldados muertos en el cementerio nacional de Arlington, víctimas de las
guerras que el secretario de la Guerra estadounidense y la ministro
española de la Guerra fomentan y promocionan. ¿Quién la tiene más larga?
¿El secretario estadounidense o la ministro española?
oOo
Me
escribiste una vez una postal con una puesta de sol y una frase
lapidaria de un tal R. Bach que decía literalmente: “Tu única obligación
en cualquier período vital consiste en ser fiel a ti mismo.” Te
contesto aquí y ahora, mi “bohemio, soñador, ilustre e iluso aviador”,
como tú mismo allí te definías:
Ser uno mismo, fiel a sí mismo, ser sincero parece una de las primeras exigencias juveniles, lo que no me extraña viniendo como viene de ti y de tus dieciocho recién estrenados años, cuyas primicias me ofrecías y yo no quise tomar dándote por el culo, por lo que me limité a invitarte a una cocacola...
Pero el discurso del “yo no miento” es siempre falso porque la hipocresía, el disimulo y el engaño forman parte del comportamiento humano, y no son ni mejores ni peores que la sinceridad, la verdad y la audacia. Hablando (sinceramente o no) puedes arreglar o empeorar las cosas, y callando puede ocurrir a veces que se olviden, que es lo mejor que les puede pasar a algunas cosas. Diciendo "las cosas a la cara" o yendo con la verdad por delante puedes darle el día a quien sea tu víctima, mientras que callando puedes dejarlo vivir en la paz de la ignorancia. Piensa, por lo tanto, que cuando hablas de ser "fiel a ti mismo", o de "ser uno mismo", lo más probable es que te estés ciñendo a un comportamiento preestablecido por la propaganda del sistema y de las series de televisión juveniles que te dictan el modelo que esperan que tú sigas. Uno es verdaderamente "uno mismo" sólo cuando es libre e independiente, cosa bastante complicada, por no decir que imposible, por lo que no se da prácticamente nunca.

1 comentarios:
Richard Bach, el autor de la frase de la postalita, es el célebre autor del libro carca y tan nefasto “Juan Salvador gaviota” (1970) que tan famoso se hizo y del que en 1973 Hall Bartlett realizó una película que había circulado por cines y circuitos de Cine-fórum por la década de los setenta - ochenta y que tuve que presentar en algunos fórums de la época.
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