
“Dejad que los niños se acerquen a mí” dijo el Nazareno, ese gran pederasta en el sentido más noble del término que divide la historia en un antes y un después. Otro gran pedófilo, condenado también a muerte por, entre otras cosas, corromper a la juventud, fue Sócrates, el filósofo que sólo sabía que no sabía nada.
Si desmenuzamos las palabras de origen griego “pederastia” y “pedofilia”, vemos que están compuestas ambas de un primer elemento “ped(o)-” que significa “niño” y un término “-erastia” en el primer caso, bajo el que se oculta el nombre propio de Eros, el dios Amor, entrañable e hideputa Cupido; y “-filia” en el segundo caso que significa “amistad” o “cariño”.
El amor y el cariño hacia los niños está mal visto en esta sociedad, que se apresura enseguida a matar al niño que todos llevamos dentro cuanto antes, es decir, a convertirlo en adulto, a adulterarlo, a la vez que, paralelamente, infantiliza al adulto tratándolo como si fuera siempre un menor de edad que necesita tutela y asistencia pública y benéfica de las instituciones.
oOo
Sodoma y Gomorra

Quiero darte por culo y por la boca, por los poros de todo tu prepucio, e irte abriendo mil surcos en las carnes y follarlos interminablemente.
Quiero darte por boca y por el culo, y en las rajas abiertas de tus cueros, escupirte y ensalivarte, hermano, e irte así inseminando lentamente.
Tú bien puedes hacer que yo me corra; jódeme, te lo ruego, y no me dejes de chingar en cualquier postura obscena que te dicten tu Kama Sutra y mente.
Sodomízame y yo te gomorrizo. Gomorrízame y yo te sodomizo.

He recibido en mi buzón particular un correo valiente de un lector audaz, cuyo nombre voy a mantener en el más escrupuloso anonimato, que se dice un “ferviente seguidor” de Un Extraño llama a la Puerta, bitácora que califica como “una gota de vida para empezar mejor el día”, lo que para mí supone uno de los elogios más gratos que podría haber recibido de cualquiera de mis cada vez más exiguos acólitos. Me comenta este lector que algunas de mis entradas consiguen hacerle “reflexionar un poco cada día”, lo que no deja de conmoverme.
Pero si hay algo que se me ha metido profundamente en las entretelas del corazón, algo que me ha llegado al alma vivamente, es la propuesta, honesta como ella sola y directa que me ha hecho abiertamente: “Me gustaría follar contigo”. Así, sin más, sin alambiques de retórica y sin pelos en la lengua. Bien claro y alto. Aunque añade que no cree que me interese porque es un viejo maricón –gay dice él- con una obesidad mórbida y un trasplante de riñón encima.
Pero si hay algo que se me ha metido profundamente en las entretelas del corazón, algo que me ha llegado al alma vivamente, es la propuesta, honesta como ella sola y directa que me ha hecho abiertamente: “Me gustaría follar contigo”. Así, sin más, sin alambiques de retórica y sin pelos en la lengua. Bien claro y alto. Aunque añade que no cree que me interese porque es un viejo maricón –gay dice él- con una obesidad mórbida y un trasplante de riñón encima.
Pues bien, querido lector, te equivocas, y mucho. Me interesa y apetece, y mucho también chingar con alguien que sinceramente dice lo que quiere y no se anda con remilgos, con alguien que como tú no te viene con cuentos, alguien en definitiva que llama a las cosas por su nombre, sin hipocresía, al pan pan y al vino vino, como dicen que quería hacer y no hace el presidente del malgobierno que actualmente nos desgobierna.
El correo era privado, y yo lo he sacado de la privacidad a la luz pública, porque creo que los asuntos personales también son de interés común, y viceversa. Si alguien me dice: “Soy maricón, viejo ya y encima estoy gordo. Me apetece follar contigo. ¿Quieres follar conmigo?” Mi respuesta es en principio fisiológica, un agradable hormigueo en el escroto o forro de los cojones que me mueve a decir enseguida: Por supuesto que sí, desde luego que sí, aquí y ahora mismo, estoy esperando.
Quiero darte por culo y por la boca, por los poros de todo tu prepucio, e irte abriendo mil surcos en las carnes y follarlos interminablemente.
Quiero darte por boca y por el culo, y en las rajas abiertas de tus cueros, escupirte y ensalivarte, hermano, e irte así inseminando lentamente.
Tú bien puedes hacer que yo me corra; jódeme, te lo ruego, y no me dejes de chingar en cualquier postura obscena que te dicten tu Kama Sutra y mente.
Sodomízame y yo te gomorrizo. Gomorrízame y yo te sodomizo.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada