Dicen que la pederastia se adueña paulatinamente de la Red, fenómeno que se extiende a pasos agigantados, cuya proliferación preocupa a las Fuerzas de Seguridad del Estado. Afirman que en España, que es uno de los países que más pornografía infantil consume del mundo mundial, hay un vacío legal que deja impune el acceso a contenidos pedófilos en los que aparecen desnudos infantiles, escenas de sexo entre impúberes e incluso abusos sexuales de adultos a menores, lo que pone los pelos de punta, participando a veces hasta animales irracionales.
La ley castiga la utilización de menores con fines pornográficos o exhibicionistas, y la venta, posesión y distribución de este material con penas de hasta tres años de prisión. Sin embargo, el acceso a contenidos eróticos y/o pornográficos de menores no está penado todavía, al contrario que en otros países, del mismo modo que la apología de la pornografía y de la pederastia, que se efectúa, principalmente, a través de fotografías, vídeos, relatos literarios y dibujos. Pero ya llegará. Todo llega.
Las Fuerzas de Seguridad del Estado son partidarias de elaborar un registro donde tener identificados y localizados a los consumidores de pornografía infantil, a individuos tan peligrosos como Vd., que visita estas páginas, para anticiparse incluso a determinadas situaciones, por aquello de que más vale prevenir que lamentar. Y aunque Vd. no haya cometido ningún delito todavía relacionado con el tema que nos ocupa, no por ello deja de ser un peligroso delincuente en potencia y, habida cuenta de sus reprobables gustos, un asqueroso pederasta.
Comprenda que el mero hecho de recrearse contemplando imágenes de esta índole es una actitud pedofílica o pederástica. Es decir, que si Vd. por ejemplo se recrea visitando páginas como esta misma, que es controlada por las Fuerzas de Seguridad del Estado, no lo dude, en prevención de posibles delitos, y le “pone” una imagen suave como la de arriba de dos niños con el culo al aire, si le gusta más el pequeño que el que es un poco mayor, si pertenece al sexo masculino, si tiene más de 35 años y una profesión liberal (ingeniero o abogado o, lo más alarmante, una profesión que le ponga en contacto con menores de edad como médico pediatra, maestro de primeras letras o incluso monitor de tiempo libre), si no tiene antecedentes penales todavía, y hace una vida normal, no se ría, que esto es muy serio, Vd. debería colaborar con las Fuerzas de Seguridad del Estado y entregarse a la policía declarando que es un pederasta potencialmente peligroso y que, en prevención de males mayores, debería estar entre rejas para el resto de sus días.
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Trastornos mentales
¿No seremos todos enfermos mentales? Todo, especialmente las preferencias sexuales, ha estado alguna vez catalogado como una patología mental. Por ejemplo, la homosexualidad. Afortunadamente, ya no. Ha sido excluida, gracias a Dios, del DSM o sea de la Biblia de la Asociación Norteamericana de Psiquiatría, la obra de referencia mundial de los médicos del alma que se encarga de dictaminar cuáles son las enfermedades mentales y cuáles no, el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos de la psique.
Establecer el límite entre normal y anormal es cada vez más difícil. Los norteamericanos han declarado como “trastorno” la adicción a los ordenadores, al chat, a la cirugía estética... Todo es susceptible de ser considerado una patología mental: No lo pueden parar, y en realidad no quieren pararlo, porque es un gran negocio. Si determinada conducta es tipificada como trastorno psiquiátrico, los laboratorios fabricantes de psicofármacos se frotan las manos.
La quinta versión del DSM se publicará en 2013. El mundo aguanta la respiración. Quizá ese año vea una transición histórica: habrán desaparecido como por arte de magia del planeta Tierra la mayoría de los enfermos mentales. Si todo está normalizado para el 2013 ¿qué van a hacer los psiquiatras? ¿habrá que curar a los ‘cuerdos’ cuando ya no haya "locos"?
Lo malo de los trastornos mentales es que se consideran individuales, es decir, dolencias propias de un individuo. Por lo tanto el tratamiento es personal. No se tiene en cuenta la causa. Me medican contra el estrés laboral, pero si padezco estrés laboral el problema no es de las condiciones laborales de mi trabajo, sino mío, que soy extremadamente sensible, por lo que hay que anestesiarme. Me recetarán psicorfármacos que paliarán los síntomas, pero no eliminarán, claro está, las causas que provocan el problema. Eso no interesa. Como tampoco interesa una reflexión sobre la locura del mundo contemporáneo. Si el problema está en el paciente, todo lo demás está bien: su entorno laboral, social, político y económico es perfecto
Acabo de hablar con mi amigo R. por teléfono. Y le he hablado de Francesc y comentado que quiere conocernos... Me ha dicho que le encantaría. Me ha dicho que me echa mucho de menos. Sobre todo por las noches. Me ha dicho que me quiere como un loco, con locura y chifladura. En el hospital pisiquiátrico donde está encerrado piensa en mí. Se masturba pensando en mí. Yo también me hago la paja pensando en él. Y me pregunto: ¿Acaso la vida no será, en sí misma, un trastorno mental, una masturbación solitaria, una triste paja rutinaria de eterno solterón?



1 comentarios:
Es un tema que me preocupa bastante, miedo me da caer sin saberlo cuando novego, en alguna de esas páginas.
No me atraen en absoluto los menores.
Yo tube siendo niño relaciones sexuales con adultos, consentidas y deseadas, ello no me ha causado ningún trauma, pero reconzco que esa práctica impuesta o no debe ser penalizada.
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