Alegra ver a los chavales por la calle,
contentos porque ya llegó la primavera
que la sangre altera, cómo van ligeros
de ropa, levantando múltiples pasiones
no sólo femeninas, sino masculinas,
con pantalones cortos que nos dejan ver
-¡al fin!- las piernas, depiladas unas veces
o con la mínima cantidad de vello en ellas,
pantalones cortos que insinúan calzoncillos
y el vello ensortijado y ralo del ombligo
y la dulce y sugerente curva de la espalda.
Alegra ver a los chavales por la calle,
contentos porque ya llegó la primavera
que la sangre altera, cómo van ligeros
con calcetines cortos o, mejor aún,
sin calcetines, a ser posible con sandalias
mostrándonos el erotismo del pie descalzo,
no constreñido por ninguna prenda, libre.
Alegra ver a los chavales por la calle
contentos porque ya llegó la primavera
que la sangre altera, cómo van ligeros
con camisetas de manga corta o bien sin mangas
que nos enseñan sus desnudos, largos brazos,
ligeramente musculados y fibrados,
y sus axilas como selvas lujuriosas;
camisetas en las que se adivina la turgencia
protuberante de los pezones de sus tetillas,
y nunca la de la barriga, pues no hay nada
menos erótico que un muchacho con barriga
cervecera, propia más de un cincuentón
que de un adolescente. Algunos hay incluso
que cuando aprieta dura la calor, se quitan
la camiseta y muestran, oh bendita gloria,
desnudo el torso y las espaldas y los hombros
con un tatuaje, símbolo de rebeldía,
abierto a tantas sugerencias y caricias.
oOo
Generación nini
Antes, cuando se quería ligar con un desconocido, se le entraba con la consabida pregunta: ¿Estudias o trabajas? Ahora, imposible. La llamada generación “nini” ni estudia ni trabaja. En efecto, las nuevas generaciones no estudian porque no hay estudio y no trabajan porque no hay trabajo, pero ponen el culo, en el peor sentido de la palabra, que da gusto. Les han inculcado una formación para la ciudadanía que los ha convertido en unos perfectos idiotas.
Se asombran los feministas bien pensantes y políticamente corregidos del gobierno de que estos jóvenes que han padecido la ESO en España (Educación Secundaria Obligatoria) no hayan dejado de ser machistas, y sean además de ESO, que ya es bastante castigo, o por ESO mismo, unos analfabetos funcionales que no saben ni leer ni escribir. Ya se sabe: ni estudian ni trabajan, ni leen ni escriben, ni chicha ni limoná.
Eso sí, les han inculcado educación sexual en el instituto y antes en la escuela: les han dicho que antes de hacer “lo” tienen que ponerse el condón. Y algunos hay tan necios que se lo ponen hasta para mear.

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