27 de marzo de 2010

Muchachos en flor, ligeros de ropa; y Generación nini




Alegra ver a los chavales por la calle,

contentos porque ya llegó la primavera

que la sangre altera, cómo van ligeros

de ropa, levantando múltiples pasiones

no sólo femeninas, sino masculinas,

con pantalones cortos que nos dejan ver

-¡al fin!- las piernas, depiladas unas veces

o con la mínima cantidad de vello en ellas,

pantalones cortos que insinúan calzoncillos

y el vello ensortijado y ralo del ombligo

y la dulce y sugerente curva de la espalda.


Alegra ver a los chavales por la calle,

contentos porque ya llegó la primavera

que la sangre altera, cómo van ligeros

con calcetines cortos o, mejor aún,

sin calcetines, a ser posible con sandalias

mostrándonos el erotismo del pie descalzo,

no constreñido por ninguna prenda, libre.


Alegra ver a los chavales por la calle

contentos porque ya llegó la primavera

que la sangre altera, cómo van ligeros

con camisetas de manga corta o bien sin mangas

que nos enseñan sus desnudos, largos brazos,

ligeramente musculados y fibrados,

y sus axilas como selvas lujuriosas;

camisetas en las que se adivina la turgencia

protuberante de los pezones de sus tetillas,

y nunca la de la barriga, pues no hay nada

menos erótico que un muchacho con barriga

cervecera, propia más de un cincuentón

que de un adolescente. Algunos hay incluso

que cuando aprieta dura la calor, se quitan

la camiseta y muestran, oh bendita gloria,

desnudo el torso y las espaldas y los hombros

con un tatuaje, símbolo de rebeldía,

abierto a tantas sugerencias y caricias.


oOo

Generación nini

Antes, cuando se quería ligar con un desconocido, se le entraba con la consabida pregunta: ¿Estudias o trabajas? Ahora, imposible. La llamada generación “nini” ni estudia ni trabaja. En efecto, las nuevas generaciones no estudian porque no hay estudio y no trabajan porque no hay trabajo, pero ponen el culo, en el peor sentido de la palabra, que da gusto. Les han inculcado una formación para la ciudadanía que los ha convertido en unos perfectos idiotas.

Se asombran los feministas bien pensantes y políticamente corregidos del gobierno de que estos jóvenes que han padecido la ESO en España (Educación Secundaria Obligatoria) no hayan dejado de ser machistas, y sean además de ESO, que ya es bastante castigo, o por ESO mismo, unos analfabetos funcionales que no saben ni leer ni escribir. Ya se sabe: ni estudian ni trabajan, ni leen ni escriben, ni chicha ni limoná.

Eso sí, les han inculcado educación sexual en el instituto y antes en la escuela: les han dicho que antes de hacer “lo” tienen que ponerse el condón. Y algunos hay tan necios que se lo ponen hasta para mear.