9 de julio de 2009

Tío y sobrino

El tío, que era el hermano de la madre y había vuelto de navegar, era un hombre joven y atractivo, de veintitantos años. Se ha alojado provisionalmente en casa de su hermana hasta que se case con su novia, una costurera miope y francamente fea. Comparte habitación y cama con el sobrino. Este último, pongamos que se llama como yo, ha hecho recientemente la primera comunión y cuenta diez u once años, se desvistió aquella noche como siempre. Sorprendió durante un breve instante los ojos entreabiertos de su tío, que ya estaba acostado, al que le brillaban maliciosamente las pupilas, observando cómo su sobrino se desvestía. El chico se había quitado la camiseta blanca de tirantes y ahora, cosa que no hacía nunca, se desprendía también de los calzoncillos. Es como si quisiera provocar algo que, aunque no se hubiera desnudado, iba a suceder de todas formas. El tío, que no da crédito a la desnudez de su sobrino vista fugaz pero claramente, clava su mirada en su espalda y allí donde la espalda pierde su nombre. El sobrino, después de apagar la luz, se mete en la cama a oscuras y se acurruca sin decir nada temblando como un pajarito aterido de frío que odia y desea a la vez lo inevitable, lo que sabe que le espera.




Nunca hablan entre ellos por la noche en el lecho. El sobrino sabe perfectamente que su tío está fingiendo. No puede hablar con él, porque simula que duerme, como si, sonámbulo, no fuera responsable de lo que hace. Sabe también que no tardará en arrimarse a su lado. Nuestro protagonista, arrebujado entre las sábanas, tiembla indefenso, tiene miedo. No olvidemos que por primera vez se ha acostado en cueros sin saber por qué. Se ha apostado al borde del catre, contra la pared, dándole la espalda a su tío, como todas las noches. Pronto sentirá como todas las noches, acorralado, el ardor del cuerpo de su tío pegado al suyo, cuya piel le quema. Enseguida comienza a acariciar el sexo de su sobrino, que se empalma como el que no quiere la cosa. El muchacho, resignado, se deja hacer. No le molestan mucho aquellas cosquillas. No transcurre mucho tiempo antes de que el tío se despoje de su única prenda, un calzoncillo que lo constriñe, y libere su miembro viril sin duda arrecho. Nuestro protagonista siente entonces el tacto de algo viscoso entre sus nalgas, algo duro que trata de abrirse paso a tientas, no sin dificultad, en medio de la noche. No sabe lo que es. El tío, mientras se ensaliva la verga, romperá el silencio con amables y obscenas palabras suavemente susurradas al oído con voz entrecortada: "Ponte de rodillas, abre un poco las piernas. Así, no tengas miedo, no voy a hacerte daño, hombre. Levanta un poco el culete. No va a pasarte nada malo. Anda, hombre, no seas tonto, ya verás cómo te va a gustar..." Al tío no le da vergüenza pedirle a su sobrino una cosa así, porque es como si no fuera consciente de lo que dice. Es como si estuviera delirando o hablando en sueños, o como si se lo estuviera pidiendo a la costurera miope y francamente fea que era la novia con la que iba a contraer matrimonio y fundar una familia.




El tío hace que su sobrino, arrodillado ahora como un penitente, arquee la espalda y se doblegue hacia adelante abajando la cabeza, como buey uncido a un yugo, y ponga el culo –el culete, como dice él con una palabra que se quiere cariñosa- en pompa. A nuestro protagonista le parece mentira lo que sucede entonces. El glande ensalivado que puja le hace tanto daño que le ruega a su tío que no siga y que deje lo empezado, porque aquello que no tiene nombre para él todavía, que no sabe lo que es, y que aún no está sometido a consideraciones morales, resulta sencillamente insoportable, si no imposible. Pero algo le dice que tiene que llegar, no sabe por qué, hasta el final, quizás porque no conviene dejar a medias ninguna cosa que se ha empezado. Así es el sentido del deber que le han inculcado. Además, se nota que el tío sabe lo que hace y cómo proceder; se ve que no es la primera vez que ejecuta, ésta es la palabra precisa, algo que sin duda ha aprendido en los barcos y que, aunque parezca imposible, no lo es. Ambos están nerviosos.



-Ahora te va a doler un poco, pero no te preocupes, enseguida se te pasará. -Susurra el tío, que, endilgado el bálano, no quiere perder un ápice de terreno ganado, así que embiste sin más demora, y acomete no exento de cierta brutalidad, tapando en el último momento la boca al muchacho, para que no grite. El agudo grito del niño, de no haberlo sofocado, habría despertado a toda la casa. Al enorme dolor inicial no le seguirá el placer todavía, sino más dolor. Al cabo de dos empellones más, el tío habrá conseguido lo que quería, atravesar por completo a su sobrino. El sobrino, que ha mordido los dedos que sellaban su boca, ya no protesta ni rechista ante el bárbaro ritual, sino que respira entrecortadamente, sufre y soporta subyugado, su empalamiento, llorando lágrimas silentes en una actitud de entrega y total sometimiento. Ha encajado como un hombre la verga toda de su tío en su intestino.



-Ya está. ¿A que no te ha dolido? -Pregunta en voz baja el tío satisfecho, que ha logrado culminar con éxito lo que parecía imposible. El sobrino guarda silencio, como si no quisiera admitir lo que pasa; algo le dice que la ceremonia no sólo no ha concluido todavía, sino que no ha hecho más que comenzar.



El tío comienza ahora la maniobra de desalojar el miembro viril, y el sobrino siente un gran alivio; pero enseguida se lo vuelve a meter, esta vez con más holgura y un poco menos de dificultad, para volverlo a desalojar a incrustarlo de nuevo otra vez. Vuelve a repetir la misma operación un poco más deprisa. Y luego otra vez más deprisa… No deja de acariciar el sexo de su sobrino, para distraerle del dolor. Se nota que el tío sabe lo que hace. El catre chirría. Todavía falta mucho para culminar la ejecución con el desenlace que pondrá el punto final al acto.



Fael de repente sintió el alivio de una tregua: el tío, que le había ensartado lo largo que fuera aquello de punta a cabo hasta la mismísima médula, no lo sacó esta vez, lo dejó hundido hasta la última pulgada allá adentro y, cesado el trajín y el chirrido del catre, no cabía dentro de su cuerpo, gimió como si estuviera agonizando y el chico sintió caer sobre su magro y arqueado espinazo todo el peso muerto de su tío. Parecía habérsele parado el corazón. Acto seguido, se desaguó en sus entrañas, inundándolas con su riego, y gimiendo escandalosamente de un placer que se desbordaba, se desinfló, se escurrió y sacó definitivamente para su desahogo, aquello, fuera lo que fuera, que le había metido hasta adentro.



Cuando la ceremonia concluyó, el tío se dio media vuelta y se entregó rendido y extenuado al sueño. A la mañana siguiente, actuará como siempre, es decir, como si no hubiera pasado nada.




13 comentarios:

Sísifo dijo...

Un año más tarde éste es el primer comentario. Asombroso.
Las coincidencias nunca son casuales. ¿Por qué precisamente hoy tengo que venir a parar a este relato, rebotando de un enlace a otro?
Me ha ayudado leerte.

Anónimo dijo...

sabes no puedo evitar reflejarme en tus relatos (y siempre como el efebo) simplemente yo y mi pareja nos asemejamos en ciertas cosas solo que ambos somos bastante jovenes aunque yo aparento menos. Muchas gracias por escribir.

Netzaaa! dijo...

Te ubiqué por blogueros gay...

Se me hace increíble lo tierno que relatas esa triste experiencia. Aunque nunca me pasó nada parecido uno siente esa emoción y ese dolor al leerlo.

¡Saludos!

Francesc dijo...

Muy desconsiderado y egoísta este tío con su sobrino. Se merecería una buena tanda de hostias, y no de la iglesia.
Que poca consideración y falta de escrúpulos para con el placer de su partener.
Es un repugnante machista calientapollas, sádico de mierda, que no se merecería nada más que el mayor de los desprecios. Pero claro hay una cosa que se llama perdón, aunque creo que es difícil de conseguir.
Me gustaría estar contigo para poderte consolar.
Gracias por contar-lo.
No entro en consideraciones morales porqué creo que actuó de una manera totalmente intolerante y fascista, sin contar con una cosa que es fundamental para mi; la libertad del individuo para realizar los actos que le vengan en gana sin lastimar la libertad del otro.

Francesc dijo...

Releyendo el post de hoy como algún otro de tu blog se me quedan mudas las palabras.
Un hondo sentimiento de rabia me encoje las entrañas.
Tú fuiste utilizado por un individuo que se decía tu tío. Yo fui utilizado por unos desaprensivos un poco mayores que yo que se decían mis amigos.
Es con el tiempo que aquello que por un lado te fascinaba y por el otro te causaba dolor en el alma, por un lado te era placentero y por el otro te frustraba, se llama violación de tu persona.
El tiempo que es un buen consejero te ayuda a olvidar, en parte, y superar este hondo pesar de ser utilizado. Tiremos hacia delante sin mirar atrás con ira.

Oscar García-Aguilar dijo...

Yo no sé si he llegado a superar mis experiencias, en mi casa primeramente se llamó "primo" y no llegaba yo a los 6 años... después se llamó "hermano" y si que tendría 10 años! me encanta cuando comentas que para el niño no tiene nombre lo que sucede... para mí tampoco lo tenía! sólo sabía que después albergaba un enorme sentimiento de culpa...
Realmente, todavía hoy me observo y me pregunto si lo he llegado a superar...
perdon he leido?? me temo que desgraciadamente la primera reacción es la de perdonarse a uno mismo (COMO SI TUVIESE CULPA DE LO QUE LE SUCEDE!!!!)

Elohka dijo...

Me ha parecido increible tu relato... además de familiar!

en mi caso, el protagonista tenía menos de 6 años y el tío se llamaba "primo", luego a los 10 se llamó "hermano"... efectivamente, la inconsciencia de la relevancia de lo que sucede era común, al igual que la ausencia de nombre... eso sí! después los sentimientos de culpabilidad fueron horribles...

en el cole además fui bastante marginado y acosado lo que sumado a las experiencias "caseras" me generaron una falta de autoconfianza que a veces todavía no me queda claro si lo superé del todo...

como nunca quise ir de víctima, simplemente intenté olvidar el tema, pero claro no es tan sencillo... ya tengo 30 años, estoy sin pareja y mi sexualidad (a pesar de tenerla "reconocida para mí y los míos") me sigue generando dolores de cabeza y por supuesto de corazón...

a pesar de todo, alrededor se me considera una persona siempre positiva, cariñosa, entregada, amable, aunque eso sí, un poco hermética con lo suyo y solitaria...

el leer tu relato me ha echo revivir sin embargo unas experiencias que están muy dentro de mí y de las cuales no sé cómo librarme... y probablemente sea porque no deba librarme de ellas! De cualquier manera GRACIAS por compartir tu experiencia...

por otra parte, te felicito por el blog, me parece muy interesante la mezcla sexual, sensual, critica y cínica que haces... sin tapujos! me da la sensación que has luchado para liberarte de tus ataduras y por aqui se te percibe como envidiablemente LIBRE!!!

Fael dijo...

Quizá sea este relato mío el más autobiográfico de todo este blog. Desde luego es uno de los más auténticos, de los que más me ha costado escribir. A veces pienso que empecé este blog para contar eso que nunca había contado a nadie, porque quería desembarazarme de ello y compartirlo, con esa mezcla contradictoria de de deseo y de aversión, de odio y de amor hacia aquel que me inició en los placeres de la carne. Si alguien se identifica conmigo es porque ha vivido una experiencia parecida, claro; a fin de cuentas, las personas no somos tan individuales como nos creemos, y por eso tenemos tantas cosas en común. Si tú te reconoces en lo que yo cuento, yo también me reconozco en lo que nos cuentas tú. Gracias a ti tambiçen, Oscar o Elhoka, por compartirlo. ¡Ah! No soy tan libre como quisiera, pero trato de serlo, en ello estoy.

Un beso.

mickey dijo...

Amigo: Tu relato me conmueve porke se parece muchisimo a mi primer experiencia sodomitica. Fui usado con gran cuidado y dulzura por una caballero mayor cuando tenia esos tiernos dies anios, como tu, y esto me impacto de tal manera ke pienso me ayudo a definir kien soy en terminos de mi sexualidad. Por muchos anios tuve la experiencia de la verguenza al darme cuenta ke me habian usado, pero con el pasar del tiempo vine a comprender ke esta experienciaq a manos de un adulto fue lo ke me abrio los ojos a mis tendencias naturales y hoy en dia soy un pasivo sin anhibiciones gracias a este proceso de aceptacion ke he logrado con el pasar de los anios. No fui violado. Fui expuesto y participe en actividades ke estan hoy en dia al corazon mismo de mi relacion con los hombres. Mi sodomizacion corriente es voluntaria y una continuacion muy natural de aquella experiencia en edad tan tierna. Ocurrio dos veces y mis memorias son de mi bien dispuesta actitud durante la segunda vez y de cuan especial me senti. La sexualizacion de un ninio no es lo ke propongo, pero digamos ke se valorar lo ke me dio forma en mi sexualidad de adulto.
Gracias por compartir tan francamente tu vivencia. Tu admirador, Mickey, del otro lado del oceano.

Mich dijo...

El dolor de la primera vez, con tio o sin tio, igual duele.
Tus dulces palabras al contarlo hacen que mi doloroso recuerdo se comparta con el tuyo, y se vuelva placer sin arrepentimiento.

Gracias por el blog.

Paz Tranquilo dijo...

Cada vez que viajo en el auto con mi Tio hacia mi universidad, un ritual se repite, primero el saludo y las preguntas familiares de gran tranquilidad y camaradería ... cuando se terminan las palabras y tomamos carretera abierta veo su mano deslizarse en camara lenta hacia mis piernas... lentamente sin decir palabra alguna su mano se acerca y yo la miro, la odio pero no odio a mi Tio, me odio pero no odio a su mano, no quiero que me toque pero al mismo tiempo sigo viajando con el voluntariamente por mas de 3 años, teniendo otras alternativas...

Su mano me toca abre mis piernas y toma mi pene cuando le da la gana, siempre me reuso pero no mucho solo un poco, como esperando que no se sienta ofendido pero que sepa que no es mi iniciativa.

Ya no se si mi gusta...es excitante y a la vez es angustiante
puede dejarme sin ropa pero no deja de conducir, yo decido quitarme la ropa ante la accion de su mano, me impulsa a desnudarme, me obliga sin decir una sola palabra...sin detener la marcha del auto, por que yo actuo asi? por que el actua asi?

De pronto, se estaciona en carretera lame mis bolas, succiona mi pene y como siempre come mi semen, yo me deprimo y al finalizar el viaje le doy la mano y le digo... gracias Tio. El próximo lunes de la siguiente semana se repetirá el ritual.

Fael dijo...

Justamente era esa mi actitud, Paz Tranquilo, la misma que la tuya: un odio y amo, un lo deseo y no lo deseo, un te quiero y no te quiero que no sé lo que quiero. Un dejar que me meta mano y a la vez sentir cierta repulsión... Gracias por el comentario.

Anónimo dijo...

Sol

¿Y que pasa cuando muere la memoria? ¿Cuando se enfrenta un dolor que al gritar no encuentra eco en ninguna alma, que no escucha de sus gemidos en ninguna queja por mas triste que sea el lamento ajeno? Que tristeza la que me abraza, que me besa anocheciendo mis mañanas, dándome zancadillas cada vez que me enderezo. ¿Que pasa cuando no encuentro a quien con migo se duela, cuando la soledad me niega el consuelo, cuando la compañía me esconde la alegría? Me perdí, me perdí tan temprano que jamás me encontré, me perdí tan profundo... No lo llego a entender.

Y no hay una lágrima para mi corazón, no hay una queja para mi angustia. No fue mi carne únicamente, no fue solo mi libertad, algo en mi murió tan rotundo, algo de mi murió que era inexplicable. Como si existiese en un lugar al que no puedo llegar, ausente de mi mismo, como quien esta pero, que jamás llego. Que llega igual y parte igual al mismo olvido. Como si se hubiese suicidado mi memoria, como si nunca hubiese visto mi propio rostro. Me paro y no se en que lugar están mis pies. La zozobra, la zozobra es lo que me abraza y lo que me abruma. Es mi razón tan incierta, es tan incierta mi esperanza de fortaleza. No vivo de mi mismo me parece sin certeza como si alguno me tortura para que exista; para verme sufrir en esta piel que me viste escondiendo el dolor que no se como nombrar... Sin embargo, no puedo creer que la existencia sea un mal.

Si no fuese mi entendimiento tan codiciosamente sediento, mi endeble y retorcida razón tan autodestructivamente tenaz. Si fuese sencillo y amable como la semilla que germina, que crece y se fortalece, que benigna da su fruto. Ella no se aflige en la incertidumbre, se nutre con sus raíces de la tierra, y alza agradecida sus hojas al sol que la acaricia y fortalece, que generoso le da la vida. Planta agradecida que aunque le visitan las tinieblas de la noche, ama el calido amanecer del sol que la alegra y le da la sostiene. Sol que fiel es su esperanza de vida en cada amanecer. Sol que la ama con su luz. Que la ama sin que ella tierna planta lo sepa entender.

Si solo soy semilla. ¿Por que me niego a germinar? ¿Por que me obligo a ser sol? Siento que entregándome al maltrato y al dolor es el único momento en que me puedo olvidar de la carga que pongo sobre mi mismo. Siento que cuando me someto a la humillación y al doloroso placer del quebranto del cuerpo, de la mente y el corazón; me alivio de esta carga que pongo sobre mí si siendo semilla pretendo ser el sol. ¿Acaso puede la semilla ser la esperanza del sol que le da la vida? Bendito Sol que nos das la existencia y nos ofreces la vida Malaquías 4:2.